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Bienvenido a la Isla de Crumisa, donde puedo compartir contigo mis delirios y mis desvariaciones en esta aburrida isla paradisíaca.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Saludos, mi maestro

Siguiendo mi camino de aprovechar los ultimos días que tengo, hoy me había propuesto visitar a mis antiguos profesores y a mis abuelos.

Me arreglé y salí de casa. Al poco empezó a caer unas gotitas. Qué bien, me dije, algo de lluvia -me encanta la lluvia- aunque espero que no apriete mucho. Cuando me quedaba medio camino por recorrer noté que una de las sandalias se me aflojaban. Perfecto: se habían roto. Tuve que recorrer el camino que me quedaba cojeando con miedo de que se me siguieran rompiendo. Cuando llegué al instituto muchos de mis antiguos profesores se habían marchado -Tere habia terminado las clases temprano y se había ido y Rufino se había cambiado de instituto-, pero pude hablar con el conserje, con Ana y con Charo, sobretodo con esta última. Me gustó poder hablar con ella, es muy agradable. Pero la sirena tocó y ella tuvo que volver al trabajo. Y cómo no, empezó de nuevo a llover, aún más fuerte.

Salí del edificio y empecé a cojear por la calle. Pensaba ir a visitar a los abuelos pero la situación me lo impedía, así que me dirigí de vuelta a casa. Sin embargo, empezó a llover aún más fuerte y casi no podía ya andar. A mi no me importa mojarme, de hecho, me gusta la lluvia, pero ahora no era el mejor momento, no: temía por los zapatos que llevaba, que se los había tomado prestado a mi madre.

¿Por qué Poseidón? ¿Acaso no te basta con mantenerme encerrada en esta isla, en tenerme aislada en mi fría cueva 10 meses al año y que me poseas en cada luna nueva del mes, que además me mandas también una cada vez más arreciada lluvia que me impide andar y visitar a quienes quiero?

Me paré bajo un balcón a esperar a que amainara un poco, empapada, y luego salí corriendo -como pude- a la casa de mis abuelos paternos, que se encontraba más cerca que mi casa. Allí me dieron cobijo, unos zapatos secos y nuevos y un paraguas para la vuelta.

Ahora que estoy ya en casa, vuelve a brillar el sol fuera...

Al menos entra fresco por la ventana, ¿no crees, mi vellocino de oro?

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Revisión bucal

Por el mismo motivo que la visita a Isla Gilena, decidí pasar por una revisión al dentista. Cuando, tumbada en aquella silla azul, oí que debían proceder a empastar algunas muelas mi corazón empezó a latir rápidamente... a la altura de mi estomago. Cogieron una alargada aguja que me hizo encoger en el sitio. Es la primera vez que me ponen anestesia. Ahora que ya he salido del dentista y he vuelto a mi isla noto aún más el efecto de la anestesia y mis instintos sadomazos me impulsan a que coja una cuchilla y... Pero aún la isla no me ha vuelto tan loca como para ello. Sigo estando en mis cabales... porque estoy sola en esta isla pero puedo hablar contigo, mi hijo, mi lindo cordeno de cabellos dorados.

El resultado de la revisión ha sido... algo deprimente.Mis dientes son débiles y el haber tenido brackers puesto y tener que ponerme por las noches las férulas ha propiciado el hecho de que me salgan "caries de surco" -ni idea de lo que es, pero el médico las llamó así. En esta revisión me ha empastado dos, pero aún quedan tres más, y encima éstas están aisladas, por lo que tendrán que ser en sesiones diferentes. A ver como me lo monto para poder ir al dentista tantos días desde mi aislada Crumisa.

Por otro lado... esta tarde voy a la óptica a probarme las lentillas. ¡Espero que me vaya bien!
Ya te contaré, mi pequeño vellocino.

martes, 14 de septiembre de 2010

De visita a Isla Gilena

"El frío invierno se acerca y entonces la isla se volverá aún más solitaria e inaccesible" Así, me dije, "he de aprovechar ahora". Y eso hice. Algo que hacía años que no sucedía. Tome de la mano a mi prima, Eris, y juntas nos embarcamos a Isla Gilena.

Isla Gilena es un lugar algo alejado de Crumisa. A horas en barco. Allí vive nuestro primo Jasón, junto con su familia. Hace tiempo que no los veo... Esa isla se encuentra lejos y a veces las malas corrientes del mar que nos separa me trae los malos recuerdos de una cierta guerra con el país de la hechizera Medea.

Al principio la idea era tan sólo de irnos allí un único día... eso pasó a tres dias... y luego a cuatro... y por último a cinco. Y es que en Isla Gilena los días -o más bien las noches- eran frescas y calmadas.

Una semana desconectada de Crumisa... de mi isla... Realmente fue una buena experiencia que, por suerte o por desgracia, no podré repetir hasta pasados al menos unos meses.

Pronto llegará el otoño. Las castañas hojas caerán de los árboles y yo tendré que retirarme a mi oscura y vacía cueva para pasar encerrada, y aún más aislada, el frío invierno que este año me depara.

Lo siento, lo noto...el viento está cambiando.
Pero no te preocupes. Sigo estando contigo, mi pequeño vellocino.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

En el olvido de Poseidón

Estos últimos días me siento abandonada -aún más de lo normal- en esta mísera isla donde vivo. Y es que no puedo evitar ver los mensajes -que llegan en botella de mis conocidos- como farsos mimos o mentiras piadosas -o no tan piadosas- que me dan largas infinitas a nuestro encuentro. Y siento que tan solo acuden a mí, cual poseidón, a violar y aprobecharse de lo poco que hay en mí para luego irse y volverme a olvidar en este aislado lugar.

Y así, me hundo en mi frustración y en mi soledad, monotonas como el horizonte de este mar sin fin que me rodea.

No me dejes sola tú también, mi vellocino.
No me avandones, por favor.

Incorregible - progreso:


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