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Bienvenido a la Isla de Crumisa, donde puedo compartir contigo mis delirios y mis desvariaciones en esta aburrida isla paradisíaca.

jueves, 24 de marzo de 2011

El beso de una rosa

El viento lleva hoy una canción, que juega con los rizos de mi cabello y me susurra al oído su dulce melodía.


There used to be a greying tower alone on the sea
You became the light on the dark side of me
Love remains, a drug that's the high and not the pill
But did you know that when it snows
my eyes become large
and the light that you shine can't be seen?

Baby, I compare you to a kiss from a rose on the grey
Ooh, the more I get of you, the stranger it feels yeah
Now that your rose is in bloom
a light hits the gloom on the grey

There is so much a man can tell you
So much he can say
You remain my power, my pleasure, my pain
Baby, to me you're like a growing
addiction that I can't deny
Won't you tell me, is that healthy, baby?
But did you know that when it snows
My eyes become large
and the light that you shine can't be seen?

Baby, I compare you to a kiss from a rose on the grey
Ooh, the more I get of you, the stranger it feels yeah
Now that your rose is in bloom
a light hits the gloom on the grey

I've been kissed by a rose on the grey
I've been kissed by a rose on the grey
And if I should fall, will it all go away?

Yes, I compare you to a kiss from a rose...


¿Puedes oírlo, mi vellocino de oro? ¿Puedes tú sentirlo, como yo?

lunes, 21 de marzo de 2011

El destino de la indecisión

La pequeña princesa
flotaba en el agua.
Sus rubios y rizados cabellos
jugaban con las olas del mar.

 Su boca, pequeña
y de rollizos labios,
 se encontraba entreabierta 
en un suave suspiro.

Ay, pequeña Teófane
 que se dejó llevar
 por los brazos de Poseidón.

La pequeña princesa,
yace ahora sobre la playa
y contra su cuerpo baten
espumosas olas de sal.

Su pecho, húmedo y pequeño,
ahora está en calma
en una áspera arena blanca
que se enfría con cada vaivén del agua.

Ay, pequeña Teófane,
 que se dejó llevar
 por los brazos de Poseidón,
acabaste abandonada por todos
en la perdida orilla de la desolación.

Ay, pequeña Teófane, que
acabaste abandonada de todos,
incluso de ti misma.

Así, mi pequeño vellocino, cuida siempre de tomar la decisión correcta pero, sobre todo, de tomarla.

Dividida

Últimamente me he sentido un poco así y creo que, a falta de nueva imaginación, no está de mal releer textos antiguos. Seguramente en su día, la musa que me hizo escribir aquello era bien distinta a la que ahora hay sobre mí (y, todo hay que decirlo, vaya musa más floja tengo ahora).

Sin más, el microrrelato reflexivo.


Y cuando quise darme cuenta estaba rodeada: un apretado corsé me cercaba el pecho y en cada mano, las riendas de dos corceles, uno negro y otro blanco. Cada uno tira para un lado, pero yo no puedo soltarlos, están atados a mi corsé.

Agarré fuertemente los ramales e intenté dirigir a los caballos, avanzando lentamente, a trompicones. Sin embargo, eran tan fuertes que me desequilibraban.

Traté de respirar, pero el aire no bajaba de mi garganta. Quería sentarme, encogerme, sólo por descansar al margen de todo, pero el corsé me lo impedía. Y grité. Grité con todas mis fuerzas. El aire que al fin conseguí reunir salió de mi boca en forma de un leve quejido que quedó ahogado por el relinchar de los caballos.

Y entonces lo oí, lo noté. Lo sentí bajo el ruido de los cascos: primero fue una punzada, continuó con una pequeña cisura, y luego los caballos salieron corriendo, en direcciones contrarias, perdiéndose en el vacío.

Y yo me quedé allí, tirada en el suelo; medio desorientada y medio aturdida, sin aliento ya y sin nada que me arrastrara a ningún sitio ni a ninguna parte. Sólo aquel sucio corsé ahogándome…


Y por eso, mi pequeño e inocente vellocino, no te debes fiar de los caballos.

Incorregible - progreso:


8.039 / 50.000 words = 16% done!

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