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Bienvenido a la Isla de Crumisa, donde puedo compartir contigo mis delirios y mis desvariaciones en esta aburrida isla paradisíaca.

domingo, 2 de octubre de 2011

Antitelepatía

Siempre se dice que si alguien fuera telépata acabaría mentalmente enfermo al tener tanta información de los pensamientos de los demás: la opinión de ellos sobre ti, sobre los otros, todo lo que puedan pensar en cada momento, hasta la más absurda y descabellada idea.

Supongo que por eso la gente que suele rodearme acaba desquiciada de mí, porque todo pensamiento de mi mente necesita escapar por mi boca. Y no es que no tenga medida a la hora de hablar. A veces lo he intentado, me he tragado mis palabras antes de que éstas llegaran si quiera a rozar mis labios. Pero es que me causan una pesada digestión. Y es que creo que mi cerebro carece de las enzimas necesarias para digerirlas. Se quedan así, allí, dando vueltas y vueltas, acumulándose y fusionandose y desfigurandose sin mediación.

Y eso es mucho peor. Oh, sí... 

Por eso yo siempre lo digo todo. Porque palabras dichas se pierden en el viento... y en el tiempo.

Esto a veces me ha dado problemas con la gente, pero realmente, nunca ha tomado una gran importancia. Cada uno es como es, con sus defectos y sus virtudes, y el que una servidora coja la confianza de decir todo aquello que piensa u opina no es el peor de los defectos con el que un amigo se puede tomar.

Hasta que llegaste tú.

Tú, mi vellocino, que no soportas conocer mis más furtivos pensamientos; y yo, que necesito expresarlos para poder olvidarlos y que dejen de tomar importancia en mi mente. Creo que esto no es compatible, pero no quiero trasquilar ovejas...

1 comentario:

  1. Nunca llegará el día,en el que yo quiera que no digas nada de lo que pienses, ni que te cerraré puertas al oírte.

    Ni tampoco es recomendable el guardarlo todo bajo llave en el interior, y dejar que como bien dices mi Teófane, se desvirtuen más de lo que deben.

    El problema es el que algo que nos moleste, no sólo lo digamos, sino que mostremos una respuesta tan sensible frente a ese algo, que lo magnifiquemos más de lo debido. Nunca nadie está de acuerdo con nadie, pero hay que ser tolerante a veces, y no frío, recto o sacar conclusiones donde no las hay. De nada sirve que necesitemos libertad para hablar, si cada vez que alguien diga algo, reflejamos nuestra más profunda molestia hacia ese comentario y hacia la persona.

    Así como tampoco tenemos que ser Sheriffs el uno con el otro; tenemos una libertad que merece un poco de respeto, y no tiene que estar sujeta a averiguaciones o a control de nadie, ni siquiera de nosotros mismos.

    Al final... siempre todo acaba, siendo de la forma en la que se interpreten, pues el entendimiento muchas veces solo trabaja con lo que nosotros entendemos, no con el tratar de entender que quería decir la otra parte.

    Yo no quiero que me trasquiles, mi Teófane.

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